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Basilio
07/09/2009, 20:21
Domingo 6 Septiembre


`Ultima rumba en La Habana' nueva vertiente de la literatura cubana

By RAUL CABALLERO

Especial/El Nuevo Herald

Ultima rumba en La Habana es una desgarradora metáfora. La voz de una prostituta es la voz de la ciudad; sus actos, sus sentimientos, su mirada son los de la población que habita la Cuba contemporánea. Es un relato político a fuerza de rigor narrativo y rigurosamente poético a fuerza de vigor sustantivo en la mejor tradición de la literatura cubana.
La voz del personaje femenino describe un pasmoso itinerario a través de la desolación, ciudad adentro, en un incesante juego con el lenguaje que es a la vez diversión y experimento y, si algo descubre, es la ciudad que desconocemos todos (cubanos y no cubanos) los que estamos fuera y lejos (turistas incluidos): La Habana que ofrece ``una ruina en cada esquina'' pero, al mismo tiempo, la de muchos de sus habitantes con el alma corroída por el sistema totalitario y, en todo caso, derruida por el desquiciamiento social.
``Desfila la destrucción citadina'', ``la inmensa noche que recubre, compasiva, los restos de mi ciudad. Los escombros del sueño de grandeza yacen ocultos por la penumbra''. ``Me siento tan mal viendo lo que le han hecho a mi ciudad: parece la jungla de Borneo''. Es, pues, un desfile de ruinas, ``paredes despintadas por siempre'' cuya historia, sin embargo, está inconclusa.
Es la voz de una mujer formada en la soledad. La mirada de un personaje femenino que narra con los ojos de una camarógrafa la topografía de la pobreza y las carencias del aislamiento, los riesgos de la necesidad.
Se trata de una mujer con el talento para ser cineasta o arquitecta, dolorosamente culta, pero que, sin opción, se inconforma siendo prostituta y a través del sexo busca trascenderse y huir de La Habana de todos tan temida.
El libro expone los avatares de una comunidad, la habanera, que atestigua cotidianamente las ``fugas'' por fuerza ``sedentarias'' de sus miembros que, con actos ilegales o personales y hasta naturales como el sexo, desahogan y desafían su inmovilidad, su condena a la obediencia en el encierro, en la cárcel o en la ciudad ``que no es lo mismo pero es igual''.
Se describen todos los rincones de La Habana en ruinas, y el personaje va desde los bajos fondos hasta las zonas de acceso exclusivo para inversionistas extranjeros pasando por los círculos intelectuales, las casas de los disidentes y los ámbitos policíacos. En cada espacio es igual, falta la esperanza.
De principio a fin escuchamos la voz de la niña de una generación que llegó para atestiguar, con azoro, el sexo de sus mayores porque no hay lugar para la privacidad; la de la púber que observa en derredor y sabe por mano propia, acaso impulsada por el miedo, que el crimen es un instrumento que puede ser usado para sobrevivir; la de la chica que aprende que la promiscuidad, literalmente, es el pan de cada día; la de la mujer que con la práctica sexual reafirma su individualidad, su independencia, desde el borde mismo de lo enfermizo; la dama de la vejez prematura, experimentada en los menesteres de jinetera; en fin, que sabe que su arte es un arma contra el desencanto.
El deseo sexual como única expresión de libertad, la sexualidad como un acto de poder o como una de las pocas cosas propias y elegibles se enseñorea en una ciudad que brilla, que encandila, que lastima, que apabulla, que hiere porque canta el dolor, porque documenta el placer como una consigna contra el olvido, porque relata los anhelos en un afán infructuoso de convertir en pasado el futuro, de trocar la realidad en materia de lo imaginado, en la razón de un suspiro evocador: mañana es ayer y hoy es improbable; lo irreal, maravilloso.
Ultima rumba en La Habana, un nuevo libro en el estante de la literatura cubana, nos da un adelanto de lo que está documentándose a partir de la revolución frustrada. Luego de los cantos patrios y las denuncias disidentes, al margen me parece de las truculencias, fobias y rabias ultras del exilio de Miami, y más acá de la nostalgia por La Habana que ya no es ni será, Ultima rumba en La Habana es una obra que abre una nueva vertiente de la literatura de la isla del Caribe.
Con un prólogo del escritor colombiano Plinio Apuleyo Mendoza, en una edición del diario Hoy de Nueva York, con diseño y diagramación por Juan Arango, la primera edición de Ultima rumba en La Habana, ópera prima del escritor cubano Fernando Velázquez Medina, apareció en diciembre de 2001 y ha vendido diez mil ejemplares en ocho años. •