Transexuales sin nombre

• Entre 7.000 y 9.000 españoles tienen distinta identidad en el carnet y en la vida cotidiana
• El 15 de mayo comenzará una huelga de hambre como protesta



Representante Gina Serra, presidenta de la Asociación de Transexuales de Catalunya, ayer. Foto: FRANCESC CASALS
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MERCÈ CONESA
BARCELONA

Gina Serra extrae un montón de tarjetas y documentos de su bolso (de crédito, sanitaria, carnet de conducir y otros). El nombre de pila que figura en ellas no tiene nada que ver ni con su físico, ni con el apelativo con el que la conocen sus vecinos. Serra es presidenta de la Asociación de Transexuales de Catalunya y lleva años batallando para lograr una ley que acabe con una realidad humillante: "Te presentas para un puesto de trabajo, te piden el carnet de identidad, ven que tienes nombre de hombre y cuerpo de mujer y se acabó la oportunidad", explica.
Las situaciones amargas con el DNI se suceden. "Cuando vas al banco, al médico, a comprar y a pagar con tarjeta de crédito, cuando te para la Policia en un control de tráfico, o si tienes que pasar por seguridad para acceder a algún edificio", explica.
Actualmente, en España, los transexuales sólo pueden modificar el nombre y el sexo que figura en su DNI para que coincida con su físico si antes se han operado los genitales. Un paso que no todos quieren o pueden hacer y que además supone un alto coste económico (sólo Andalucía realiza operaciones de cambio de sexo a través de la sanidad pública) y un desgaste físico y emocional de magnitud considerable.

Solución aparcada
Los transexuales españoles reclaman desde hace años una ley de identidad de género que facilite el cambio de nombre en el registro civil sin el requisito de tener que pasar por el quirófano. "Esto ahorraría muchos sufrimientos", subraya Gina Serra.
"Además, estas leyes son ya una realidad en otros países", añade Carla Antonelli, coordinadora del área transexual del PSOE. "Desde los años 70 se reconoce el derecho a la identidad de género en Suecia y otros países como Alemania, Dinamarca, Italia o Reino Unido tienen leyes sobre transexualidad".
Antonelli cifra entre 7.000 y 9.000 las personas transexuales que puede haber en España. "Es difícil saberlo con más exactitud, porque no existe --afirma-- ningún censo". Algunos de ellos participarán en la huelga de hambre que las asociaciones han convocado a partir del 15 de mayo en cuatro zonas de España --Madrid, Barcelona, Euskadi y Andalucía-- para reclamar una ley que el gobierno del PSOE ha prometido reiteradamente pero que, de momento, parece estar guardada en algún cajón.
El ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, negó ayer esa paralización y aseguró que este mismo año se reformará la ley del registro civil para permitir la modificación de la identidad sexual de
"aquellas personas --dijo-- que hayan nacido con una identidad equivocada y así esté médicamente certificado". López Aguilar recordó que esta reforma está en el programa electoral del PSOE y aseguró que el Ejecutivo cumplirá en esta legislatura con la palabra dada.
Pero los transexuales no las tienen todas consigo. "Hasta en cuatro ocasiones, miembros del actual Gobierno han prometido la ley y aún nadie ha visto ningún borrador", afirma Antonelli. "El propio ministro de Justicia --prosigue-- dijo en junio del 2004 que iría en el mismo paquete que las leyes sobre violencia de género y matrimonio homosexual".

Marginación temprana
Pero el colectivo se siente decepcionado y en cierta forma olvidado. Los transexuales han visto como gais y lesbianas iban ganando normalidad los derechos, mientras su situación sigue inamovible. "La marginación ya empieza en la escuela; después no encuentras trabajo y continuamente has de pasar por la humillación de un nombre que no es el tuyo". "Al final, no es tan extraño que muchas acaben en la prostitución", se lamenta Gina Serra.
Esta situación compleja contrasta con la relativa normalidad con la que los transexuales viven en su entorno más cotidiano. "Resido en L'Hospitalet y no tengo ningún problema con mis vecinos, sino todo lo contrario". "Procuro ir a comercios en los que ya me conocen y donde me siento respetada", dice Serra, satisfecha de que en su carnet de la UGT sí figure Gina como nombre de pila. "Lo malo es cuando tengo que ir al Inem a sellar el paro y me piden el DNI".


Noticia publicada en la página 39 de la edición de 4/5/2006 de El Periódico - edición impresa. Para ver la página completa, descargue el archivo en formato PDF