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La historia de Gian, el joven intersexual que quiere terminar con las "mutilaciones genitales"

En su nacimiento la bautizaron como mujer, siempre se sintió diferente. Hoy es hombre y sabe que nació cromosomas XY

“Primero me gustaría presentarme, mi nombre es Gian Isaac Díaz, tengo 23 años, y soy del norte de Argentina, provincia de Santiago del Estero”, comenzó consignando el santiagueño que a los 17 años se reveló “contra las suposiciones de que debía ser la típica mujer argentina y debía tener un novio”. “¡Noooo! A mí me gustaban las chicas, bueno en realidad también me gustaban los hombres, pero más tiraba para las chicas ¡ja! Tuve una novia a escondidas durante 6 meses y así empecé”, agregó sobre la cuestión.

Más allá de sus elecciones sexuales, Gían es un chico intersexual y trans, al cual llamaron Rita al nacer. “Al nacer fui asignado niña, pero, desde que tengo memoria – tendría unos 5 o 6 años – nunca me sentí identificado con el sexo que los médicos me asignaron, ni como la niña que mi familia creía que era”, explicó Gian que recién el año pasado, cuando ya había cumplido 22 años, pudo ponerle nombre a esas y otras características distintas de su cuerpo: “Tenía 15 años, aún no tenía la regla, pasaba el tiempo y no llegaba. Por ese motivo mi abuela me llevó al centro de salud, donde sin hacerme estudios previos, me diagnosticaron todo tipo de “enfermedades”, desde un tumor en la cabeza, hasta gigantismo. Una locura total. Pasaban los años y seguía sin la regla, lo cual era una preocupación para mi familia. Además, no se me habían desarrollado las caderas, mi pecho era casi plano, tenía muy poco desarrollo mamario, y, en promedio, era mucho más alta que las pibas de mi edad”.

“Al cumplir 21 años, para todos yo era una chica que se vestía como chico y le gustaban las mujeres”, contó Gian y explicó “me etiquetaron de lesbiana, pero no me sentía conforme, no quería seguir siendo “ella”, vestir como un chico y que me gustaran las mujeres… sentía que lo mío iba más allá. Pasaron los meses, y me había llegado a oídos el rumor de que en un hospital cercano abrirían un consultorio inclusivo para toda la comunidad LGBTIQ, así que tomé el valor y fui. Ahí hable con una doctora, le dije lo que me estaba pasan-do, que mi identidad siempre había sido masculina, y me pregunto si quería empezar un proceso con un tratamiento hormonal para que el espejo me devolviera lo que yo quería ver: “un hombre”. Me tomé unas se-manas para responder, hable con mi abuela y me sorprendió su respuesta cuando me dijo que ella me amaría y me aceptaría siendo su hija o su hijo”.

“Así, todo comenzó- continúa- la doctora me había solicitado análisis de sangre, hormonales y ecografías para poder comenzar. Para mi sorpresa, en la ecografía transvaginal no me salían ovarios, ni útero… solo aparecía una imagen que el especialista médico no sabía que era exactamente. Los análisis hormonales daban como resultado la testosterona muy elevada, el estradiol bajo. Al mostrarle los estudios a la doctora, me miró y me dijo: ‘Gian, tengo que decirte algo, creo que tenés un tipo de intersexualidad’, yo quedé perplejo por-que nunca había escuchado hablar sobre eso. La doctora estuvo más de 2 horas tratándome de explicar lo que era ‘intersexual’. Pero incluso ella se equivocó, porque ella pensaba que yo había nacido con Síndrome de Mayer-Rokitansky, es decir, con ausencia de útero, pero con una vagina estrecha. Salí del consultorio en una nube, jamás pensé que podía haber nacido de esa manera y agregó que “A la semana volví, y me dijo que había hablado con el endocrinólogo que administraba tratamientos hormonales a personas trans en Buenos Aires, capital federal de Argentina, me dio a entender que usaría testosterona, pero en gel y solamente medio sobre, esto debido a mis altos niveles de testosterona en sangre. Y así fue como comencé mi transición al hombre que siempre sentí que era, un trans más…”. En este momento, la vida y la lucha de Gian, por ser quien se sentía, recién inciaba.

Al cabo de unos meses, tuvo una recaida y tuvo que partir hacia el sur para ser atendido. Sobre su tratamiento en el sur argentino, detalló “Había llevado todos los análisis de sangre hormonales y la ecografía que me hicieron en mi ciudad, se los mostré al doctor y me dijo: “Mira Gian, estoy sospechando de algo, si vos me lo permitís, en esta misma semana te mando hacer unos estudios para corroborar lo que pienso”. Accedí” y luego continuó contando que “al cabo de unos días me llamaron por teléfono, tenía turno para unos análisis de sangre, una tomografía computarizada y una ecografía.

Llego el día, finalmente me llamaron por mi nombre, entré a la sala, me explicaron el procedimiento y el tiempo que tardaría el mismo. Al terminar, se me acercó una doctora y me dijo: ‘Gian, mucho gusto, soy la médica especialista por imágenes, me permitís hacerte nuevamente una ecografía, porque en la tomografía sale una pequeña cosa. Me preguntó si tenía mi regla, le dije que no, y le comenté que usaba testosterona… cuando me hizo la ecografía (ultrasonido), me dijo: “Mira Gian, tenés 2 testículos internos’. Yo quedé mudo, le dije: ‘¿cómo dice doctora?’ A lo que respondió: ‘Sí, mira son 2 testículos, en la tomografía también te salen. Anda con todo esto y llévalo a tu médico’. Salí del centro de salud totalmente sin palabras, no sabía que decir ni cómo reaccionar, solo quería hablar con el médico que me había mandado a hacer esos estudios y que él me explicara. Cuando fui a su consultorio para la cita, me dijo: ‘Mira Gian, mis sospechas eran ciertas tenés testículos internos, por eso tenés niveles altos de testosterona, y es muy posible que tus cromosomas sean XY’. Estuve un buen rato hablando con el médico hasta que logré entender”.

“Comencé a temblar, porque acababa de enterarme que tenía testículos internos, y ahora me decía que tenían que extirparlos por riesgo de cáncer, era demasiado para mí”, asegura Gian quién luego volvió a Santiago.

“Durante varias semanas, busqué información en Google sobre mi variación intersexual. Busqué páginas en Facebook, hasta que me recomendaron Brújula Intersexual, quienes me transmitieron mucha tranquilidad, les estoy muy agradecido. Aprendí muchísimas cosas leyendo artículos e historias de vida de personas intersexuales en su página web, y me ayudó el darme cuenta qué no soy el único”, comentó el joven que durante su crecimiento sufrió el rechazo de familiares, compañeros de la escuela y gente conocida que vio desde a fuera el proceso por el pasó hasta ser quien se sentía, pero que nadie sabía exactamente lo que vivía.

“Durante toda esa época fue bastante hostil ese ambiente para mí, porque nunca quise ser “ella”, y en mi casa también llegué a tener problemas debido a la religión de mi familia”, contó y agregó “cuando estaba en la escuela secundaria sufría bullying, mis compañeros me decían cosas como: “Rita, vos sos hombre, ¿qué no?” Yo me alejaba y me iba a llorar donde nadie me viera, porque no sabía lo que le pasaba a mi cuerpo. Seguían pasando los años y no quise volver más al centro de salud, donde sentía me habían torturado psicológicamente con todos esos supuestos “diagnósticos”, detalló Gian. También recordó que se “vestía de varón a escondidas de mi abuela. Mi abuela fue quien me crio, porque mi mamá falleció cuando yo era muy peque, y mi papá nunca se hizo cargo de mí. Estando con mi abuela tenía que fingir ser alguien que nunca sentí que era. Además, mi cuerpo tampoco ayudaba a verme como una mujer, porque tenía más características masculinas que femeninas”.

Sobre su infancia, recordó “siempre me junté con chicos cis, me comportaba igual que ellos, y con toda la inocencia que tenía a aquella edad, en mi mente me sentía un pibe más. A pesar de que mis genitales no eran como los de ellos… confieso que cuando iba al baño a orinar lo hacía parado igual que ellos, me sacaba la remera para jugar al fútbol, salía por los montes y bosques junto con ellos a cazar pajaritos con algo que acá en Argentina llamamos gomera. Recuerdo que odiaba mi cabello largo, me lo quería cortar, pero lo que mi abuela cuidaba más de mí era mi cabello”.

Ver vídeo de Gian aquí.

“Así fui creciendo, y cuando ya estaba entrando a la adolescencia, fue cuando se vino toda una revolución para mí”, explicó y luego afirmó que “ahora que ya pasaron algunos meses, aprendí a amarme, a aceptarme como soy. Todavía reniego porque cada vez que tengo un chequeo médico, el doctor me recuerda que me tienen que extirpar los testículos, y yo por el momento no quiero, porque no me parece que sea necesario, ya que aprendí que el riesgo de contraer cáncer en casos como el mío es el mismo porcentaje que el del riesgo de contraer cáncer de mama en mujeres.

O sea, yo no veo que nadie se ande sacando los pechos por miedo contraer cáncer. Sin embargo, hay días qué si tengo temor, porque los médicos sembraron eso en mí: El miedo. Quieren normalizarme porque están acostumbrados al fenotipo hombre y mujer, cuando la biología dice que nacemos personas con muchas variaciones corporales intersexuales” Y que “tal vez suene estúpido el hecho de etiquetarme, pero me considero un hombre intersex y trans. Intersex, porque es como la naturaleza me hizo, hace referencia a las características físicas con las que nací; y trans porque transicioné como un trans más, ya que no me sentía identificado con el sexo que se me asignó al nacer”.

Para cerrar su historia, reflexionó “ahora entiendo muchas cosas, la barba no hace al hombre, los genitales no nos definen. Vivo mi vida con mucho orgullo de ser único, porque soy una persona intersexual. No hay nada de malo en ser diferente, porque a veces es demasiado aburrido ser como el resto. Antes me odiaba por haber nacido así, pero con el tiempo aprendí a amarme, aceptarme y quererme. Espero mi historia ayude a que otras personas que nacieron con alguna variación intersexual, sepan que no están solas y que sus cuerpos son perfectos tal cual son”.

Fuente: http://www.nuevodiarioweb.com.ar/not...s-mutilaciones