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Tema: I.Chantaje,culpabilidad y crueles tratamientos:así era ser gay o lesbiana en el Hollywood dorado: Rock Hudson,Cary Grant

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    I.Chantaje,culpabilidad y crueles tratamientos:así era ser gay o lesbiana en el Hollywood dorado: Rock Hudson,Cary Grant

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    Marlene Dietrich, Cary Grant, Janet Gaynor, Anthony Perkins, Montgomery Clift y Tab Hunter, entre otras estrellas de Hollywood, tuvieron que lidiar con los prejuicios de la industria del cine. Foto: Getty

    'Hollywood', la serie de moda en Netflix, ha reimaginado una era dorada de la industria mucho más benevolente y justa. La realidad no era así, sino más parecida a la que aquí describimos: ser LGTB en Hollywood era un secreto que podía acabar contigo

    Durante sus primeras dos décadas del siglo XX el recién inaugurado Hollywood fue una juerga. La sociedad presuponía que la farándula se regía por reglas distintas al resto de la población y eso incluía un libertinaje sexual que a menudo no distinguía de géneros y que tampoco juzgaba a gays, lesbianas o bisexuales. En aquella época, la fluidez de género se consideraba lo más moderno en las grandes ciudades. Pero en 1931 tres escándalos enturbiaron la fiesta de Hollywood: se destapó la sórdida vida sexual de la actriz de moda Clara Bow, la prensa documentó las enfermedades mentales de la novia de América Mary Astor y el director F. W. Murnau falleció cuando su coche se estampó contra un poste eléctrico y la rumorología cuchicheó que el motivo había sido que el conductor, el asistente filipino del director, estaba recibiendo una felación de Murnau. El chaval tenía 14 años.

    Varios grupos religiosos se manifestaron en contra de Hollywood, la nueva obsesión de la nación, y llamaron al boicot al considerar la industria del cine un lupanar de vicio y perversión que daba mal ejemplo al público. Por eso en 1934 se impuso el Código Hays, según el cual un comité de escoltas de la decencia prohibían aquellas escenas que ellos consideraban inmorales. Pero las estrellas debían ejercer como modelos de conducta también fuera de la pantalla (ya que sus vidas personales interesaban tanto o más que sus películas), así que los estudios incluyeron una cláusula moral en sus contratos: los actores debían llevar una vida acorde con los valores éticos y evitar situaciones indecentes, inmorales o que se prestasen al ridículo y a perder el respeto del público. Y esto, por supuesto, incluía cualquier escarceo sexual no normativo. Por eso la androginia de los artistas de los años 20 dio paso a virilidades y feminidades extremas. Por este motivo, estas diez estrellas se pasaron su vida ocultando su identidad.

    Rock Hudson, “193 centímetros de masculinidad”

    Su imagen pública. Hudson era un adonis cuyo perfil (una belleza armónica de buen corazón, sin profundidad ni neurosis) ayudó a Estados Unidos a salir de la oscuridad tras la Segunda Guerra Mundial. Sus papeles en Gigante y, sobre todo, en las tres ingenuas comedias románticas que protagonizó junto a Doris Day devolvieron el optimismo a la nación. En aquella época se le conocía como el Rey de Hollywood, un columnista lo describió como “193 centímetros de masculinidad” y en una ocasión acudió a un evento junto a la cantante Vera-Ellen disfrazados de estatuillas del Oscar.

    Su secreto. Roy Fitzgerald trabajaba como camionero hasta que se sometió a una transformación para ser un producto prefabricado de Hollywood y, en concreto, del despótico agente de estrellas Henry Willson. Este le dio un nombre viril, curtió su voz hasta que necesitó cirugía en las cuerdas vocales y corrigió sus amaneramientos atizándolo con una regla cuando contoneaba sus caderas al andar o hacía aspavientos de más con las manos. La actriz Noreen Nash contó en 2007 que Hudson y Elizabeth Taylor apostaron durante el rodaje de Gigante quién de los dos se llevaría a James Dean a la cama primero y, según Nash, ganó Rock Hudson a los pocos días de empezar a rodar. En 1955, justo antes del estreno de Gigante, Life lo puso en portada subrayando su soltería y asegurando que, a los 29 años, sus fans ya estaban “impacientes por verlo casado, si no tendrá que dar explicaciones”. La revista de cotilleos Confidential amenazó con destapar la homosexualidad de Hudson, así que Willson ofreció como sacrificio a dos de sus otros productos (Rory Calhoun, que había estado en la cárcel, y Tab Hunter, que era gay) y obligó a Hudson a casarse inmediatamente con su secretaria Phyllis Gates.

    ¿Salió del armario? Nunca. Hudson se separó de Gates, quien aseguraría que estaba genuinamente enamorada de él, a los 12 meses de matrimonio y jamás volvería a casarse. En la última alfombra roja por la que caminó, por el estreno de Estación polar cebra en 1968, algunos asistentes le gritaron insultos homófobos. El actor cayó en el olvido en los 70 al convertirse en una reliquia de la América más mojigata, hasta que regresó a las noticias en julio de 1985 cuando desveló que padecía sida. Él no pretendía contarlo, pero tras escribir de forma anónima a sus amantes para advertirlos uno de ellos vendió la historia a la prensa por 9.000 euros. Su último papel fue en Dinastía, donde la desinformación en torno al sida le llevó a falsear los besos por temor a que fuese contagioso a través de la saliva. El mundo se lo tomó como una confirmación de su homosexualidad y su muerte en octubre de aquel mismo año concienció a la sociedad en torno al entonces llamado “cáncer gay”: las donaciones ciudadanas para la causa se duplicaron y unos días después de fallecer Hudson el congreso anunció una inversión de 200 millones de euros para la investigación de la enfermedad. “Hace dos años organicé un acto benéfico por el sida y no conseguí que una sola estrella acudiese”, aseguraba Joan Rivers. “La admisión de Rock ha sido una forma terrorífica de atraer la atención del público americano”. O como sentenció Morgan Fairchild: “Rock Hudson le puso cara al sida”. Su amigo Ronald Reagan a quien llegó a visitar en la Casa blanca, sin embargo, todavía tardaría dos años más en pronunciar la palabra “sida” en público.

    Cary Grant, la quintaesencia de la estrella de Hollywood

    Su imagen pública. El canon de la masculinidad del siglo XX era una creación tan artificial que hasta el propio Archibald Leach (nombre real del actor) declaró “todo el mundo quiere ser Cary Grant, incluso yo quiero ser Cary Grant”. Su elegancia natural y su sarcasmo encantador lo convirtieron en la quintaesencia de la estrella de Hollywood durante tres décadas: desde No soy un ángel en 1933 hasta Charada en 1963, dos años antes de su retirada a los 61 años en calidad de leyenda.

    Su secreto. Cuando llegó a Hollywood Archie convivió con el diseñador de vestuario Orry Kelly, quien siempre mantuvo que fueron pareja abiertamente durante los permisivos años 20. Aquella relación duraría nueve años, hasta que Grant se fue a vivir con el actor Randolph Scott. El caso de Grant es muy particular porque, aunque siempre negó los rumores en torno a su sexualidad, no tuvo reparos en posar para un reportaje de la revista Modern Screen junto a Scott. Las fotos muestran a las dos estrellas en la mansión que compartían en Los Feliz (Los Ángeles) en escenas domésticas idílicas (cocinando con delantales, desayunando en pijama, bañándose en la piscina) e incluso tocándose con una intimidad poco habitual. La relajación con la que Grant y Scott posaban en estampas de pura felicidad costumbrista como la de Cary tumbado a los pies de Randolph mientras leen el periódico, Randolph tocando el hombro desnudo de Cary o ambos haciendo pesas semidesnudos se convirtieron en un clásico inmediato del homoerotismo. El periodista gay Ben Maddox acompañó las fotos con un texto plagado de guiños para que los lectores homosexuales comprendiesen que los dos actores eran pareja. Si los actores mantenían una relación no parecían esforzarse demasiado en ocultarlo. El supervisor del guión de My favorite wife (“Mi esposa favorita”, título de su segunda película juntos y, según los mentideros de Hollywood, apelativo con el que Grant llamaba a Scott) contaría que ambos compartían camerino a pesar de tener cada uno el suyo. Grant y Scott dejaron de vivir juntos cuando el primero se casó con Virginia Cherrill en 1935, pero un año después se separó de ella (Cherrill alegó alcoholismo, malos tratos y un nulo interés sexual por parte de su marido) y volvió a vivir con Scott tanto en su mansión de Los Feliz como en la segunda residencia que se compraron juntos en la playa de Santa Monica.

    Grant y Scott convivieron un total de 12 años, más de lo que duró ninguno de los cinco matrimonios de Cary Grant. Su amiga Carole Lombard definió su amistad como “la relación perfecta: Randolph paga las facturas y Cary las envía por correo”.

    ¿Salió del armario? Cary Grant negó su homosexualidad hasta el punto de que en 1980, seis años antes de su muerte, demandó al cómico Chevy Chase por difamarle llamándolo “homo” en un chiste. La millonaria Barbara Hutton, su segunda esposa, solía contar en sus reuniones sociales que el único hombre que no había querido sacar nada de ella en su vida había sido Cary Grant. “Ni siquiera sexo”, remataba una amiga suya. Su única hija, Jennifer, rebatió los rumores de homosexualidad aunque aclaró que al actor le gustaba que “pusiesen en duda su hombría” porque así podía sorprender a sus amantes femeninas demostrándosela. La biografía de Marc Eliot, sin embargo, especuló con que Grant era en realidad asexual y que, aunque prefería la compañía masculina, en cualquier caso su deseo era más de camaradería y afecto platónicos. “Las necesidades físicas de Grant no eran especialmente tórridas, el sexo era casi algo accesorio” escribía Eliot. Randolph Scott se casó, adoptó dos hijos y murió dos meses después que Grant. Orry Kelly, por su parte, falleció en 1964. Grant fue uno de los portadores de su ataúd.

    Fuente: https://elpais.com/elpais/2020/05/22...nbDYdlRa8qoyPo
    Última edición por José Benito; 07/06/2020 a las 23:55

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