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Marlene Dietrich en 1932. Foto: Getty

Marlene Dietrich y su abrumadora ambigüedad sexual

Su imagen. Sus siete colaboraciones con el cineasta Josef von Sternberg (entre ellas El ángel azul, Marruecos y La venus rubia) la convirtieron en un mito instantáneo que personificaba fantasías que el público ni siquiera sabía que tenía: seductora, con una seguridad en sí misma arrolladora y vestida de esmoquin (en Marruecos llegaba incluso a besar a una mujer), la alemana Dietrich entró en el imaginario colectivo y jamás lo abandonó. Durante la Segunda Guerra Mundial declinó una invitación de Hitler a visitar su país y apoyó activamente a las tropas norteamericanas actuando para ellas en numerosas ocasiones y recaudando fondos para la contienda. En aquella época pasó a ser un símbolo patriótico, pero en ningún momento dejó de ser un icono de la cultura queer gracias a su abrumadora ambigüedad sexual.

Su secreto. Según contaría su propia hija, María Riva, Dietrich utilizaba el sexo con los hombres como una herramienta de poder para controlarlos y manipularlos mientras que el sexo con mujeres era una cuestión de placer íntimo. La biografía escrita por Riva aseguraba que había muy poca gente del Hollywood clásico con el que su madre no se hubiera acostado. La actriz regentaba lo que ella llamaba “un círculo de costureras”, en el que se congregaban mujeres lesbianas, bisexuales o con la curiosidad de explorar su sexualidad. Por aquel grupo pasarían Ann Warner (la esposa del presidente de Warner), Claudette Colbert o Dolores del Río. Incluso Edith Piaf, según algunos rumores. Tallulah Bankhead, una de las mayores estrellas de la época, fue vetada de la pandilla por tirarle los tejos a Greta Garbo. De hecho el gran misterio romántico de Dietrich es si mantuvo o no una relación con Garbo, su rival en el trono de la estrella más exótica de los años 30, porque ambas aseguraban no conocerse a pesar de haber rodado una película juntas en Alemania en 1925. Quizá esa relación proviene más de los deseos mitómanos que de hechos concretos porque no existen pruebas de la bisexualidad de Garbo (aunque la correspondencia descubierta en 2001 entre Garbo y su mejor amiga de la adolescencia, Mimi Pollack, sugiere que ambas estuvieron enamoradas toda la vida). Oficialmente Garbo y Dietrich se conocieron en casa de Orson Welles en 1945, pero eso no explica que ante su amiga común Salka Viertel (abiertamente lesbiana) ambas se refiriesen a la otra con nombres clave (Garbo era “la chica escandinava” o “la vikinga”, Dietrich era “Mary” o “Dushka”). “Todas tenían que ser lesbianas en los años 30, incluso aunque no quisieran”, aclararía Garbo según la biografía de Karen Swenson. “Desde luego se vestían como tal y acudían a bares de lesbianas, era la moda. Y era un paso lógico en la liberación de las mujeres”.

¿Salió del armario? Dietrich nunca se identificó como bisexual, pero desafiaba abiertamente las constricciones del género: practicó boxeo en los años 20, se definía como “un caballero en el fondo de mi corazón” y mantuvo una relación con la millonaria Joe Carstairs (nacida Marion Barbara), una corredora de lanchas motoras que vestía como un hombre, llevaba tatuajes en los brazos, tenía una muñeca como mejor amiga y acabó comprando una isla en el Caribe desde la cual reinó sobre una colonia de bahameños. Marlene Dietrich vivía su sexualidad con tal libertad que en una ocasión despertó a su hija para enseñarle su cama llena de maquillaje: se había acostado con Yul Brynner en pleno rodaje de El rey y yo y quería presumir de su conquista. En América el sexo es una obsesión en otras partes del mundo, es solo un hecho", dijo Dietrich.

Rodolfo Valentino, el primer sex symbol masculino

Su imagen pública. En pocas palabras, Valentino desvirgó al público norteamericano. Él no vendía belleza, carisma o virilidad: vendía directamente sexo. Su aspecto exótico (era de Apulia, el tacón de Italia) y la impetuosa iniciativa sexual que desbordaba en sus películas le dieron el sobrenombre “Latin lover”, inventado por los estudios para él. El calentón colectivo de la clase media con Valentino convirtió a El caíd y Los cuatro jinetes del Apocalipsis en dos de las películas más taquilleras del cine mudo en los años 20. “No se parece a tu marido. No se parece a tu hermano. No es el hombre con el que tu madre quiere que te cases”, admiraba la revista Photoplay. Rodolfo Valentino fue un símbolo de la incipiente liberación sexual de las mujeres y de la nueva atracción de Estados Unidos por el exotismo europeo.

Su secreto. Más allá de la rumorología del muy jugoso pero nada fiable Hollywood Babylonia, no está demostrado que Valentino no fuese heterosexual. Las teorías parten de que su primera mujer, la actriz Jean Acker, era lesbiana y nunca consumaron el matrimonio y de que, para ser un mito erótico, a Valentino se le conocen pocos escarceos. Sin embargo, su carrera es un ejemplo de cómo las sexualidades alternativas pasaron de ser el combustible de Hollywood a un estilo de vida intolerable cuando el cine se convirtió en una industria masiva. Valentino fue el primer sex symbol masculino, lo cual le equiparaba (más o menos) a la cosificación y explotación que hasta aquel momento era solo cosa de mujeres. Él era un hombre que se ofrecía sexualmente para dar placer y satisfacer fantasías femeninas (que, en El caíd, pasaban por el secuestro y la violación) y por tanto fue criticado con sorna como un representante de la masculinidad defectuosa. Llevaba pendientes, abrigos de piel y rímel. Llevaba relojes en la muñeca, entonces considerados joyería femenina, y un brazalete (en aquella época las joyas eran percibidas como símbolos de posesión que los maridos compraban a sus mujeres para confirmar que les pertenecían) que la prensa consideró “un brazalete de esclavo” que su segunda mujer le había regalado para someterlo. Tantos hombres empezaron a imitar sus ademanes melifluos y a peinarse hacia atrás con crema que se los bautizó como los “Vaselinos”. A los tipos ligones se les apodaba “caídes” y a las mujeres aventureras “shebas”. En 1926 un periodista del Chicago Tribune denunció su ultraje al descubrir que habían instalado una polvera en el lavabo de un club de caballeros: “¡Homo Americanus! ¿Por qué nadie ahogó a Rudy, alias Valentino, hace años? ¿Acaso les gusta a las mujeres un hombre que se empolva la cara en el lavabo y que se atusa el pelo en el ascensor? Hollywood es la escuela nacional de la masculinidad así que Rudy, el hermoso hijo del jardinero, es ahora el prototipo del hombre americano”. Aquel artículo, que conseguía resultar a la vez racista y homófobo, bautizaba a Valentino como “un pompón rosa”. El actor se sintió tan humillado por este apelativo que retó al periodista a un duelo, como si de una de sus películas se tratase, y cuando le informaron de que los duelos eran ilegales optó por un combate de boxeo. El autor del artículo estaba enfermo de tuberculosis y no replicó, pero Valentino seguía empeñado en demostrar su hombría y convocó varias peleas de boxeo invitando a periodistas y fotógrafos. “Valentino no es ningún marica”, aseguró uno de sus contrincantes tras caer a la lona. Fue la mejor campaña publicitaria posible para El hijo del caíd. Y aquella sería su última película.

¿Salió del armario? Si Rodolfo Valentino ha pasado a la posteridad como uno de los gays en el armario del Hollywood dorado es precisamente porque ya se especulaba con su sexualidad cuando él estaba vivo. El actor falleció por una peritonitis a los 31 años. En torno a 100.000 admiradoras acudieron a su sepelio, algunas adolescentes se suicidaron y así, aún después de muerto, Valentino siguió revolucionando la cultura popular: se considera que su funeral es una de las piedras fundacionales de la cultura de la celebridad que hoy sigue obsesionando a las masas. Minutos antes de morir el actor abrió los ojos, miró a sus médicos y exclamó: “¿Qué, me he comportado como un pompón rosa?”.

Ver parte I:
I.Chantaje,culpabilidad y crueles tratamientos:así era ser gay o lesbiana en el Hollywood dorado: Rock Hudson,Cary Grant

Fuente: https://elpais.com/elpais/2020/05/22...nbDYdlRa8qoyPo