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Montgomery Clift en 1950. Foto: Getty

Montgomery Clift, atormentado por sus demonios e incapaz de asumir su homosexualidad

Su imagen pública. Hollywood se pasó diez años intentando seducirlo pero él no tenía ningún interés en dejar el teatro.

Y cuando accedió a hacer cine, ya con casi 30 años, lo hizo a lo grande: La heredera, Río Rojo, Yo confieso, De aquí a la eternidad. Fue una de las primeras estrellas en negarse a firmar un contrato con un estudio porque quería elegir sus proyectos (y no quería que le obligasen a casare con una mujer) y por eso rechazó Al este del edén, La ley del silencio o El crepúsculo de los dioses. Su belleza melancólica era tan abrumadora que La heredera literalmente trataba sobre cómo nadie se creía que se hubiera enamorado de Olivia de Havilland. La naturalidad al actuar de Clift, que chocaba con la impostura de la época, enamoró al público, a la crítica joven y a la academia, que lo nominó al Oscar tres veces en sus primeros cinco años de carrera.

Su secreto. Desde su muerte en 1966, se ha escrito sobre Montgomery Clift en términos de melodrama. “Un hermoso perdedor”, titulaba una biografía. “El suicidio más largo de Hollywood”, según su profesor de interpretación, en referencia al abuso del alcohol y las drogas que precipitaron su muerte a los 45 años. Clift pasó a la posteridad como un hombre atormentado por sus demonios e incapaz de asumir su homosexualidad. El accidente de coche que desfiguró su rostro, el cual tuvo que ser reconstruido quirúrgicamente, añadió textura de tragedia a un mito que tantos años después sigue sin dar una resolución. Apenas se le conocen romances, ni siquiera se casó para guardar las apariencias y los fetichistas del Hollywood dorado consideran que su mejor amiga, Liz Taylor, fue el verdadero amor de su vida. Fue ella quien según la leyenda le sacó los dientes de la garganta para que no se asfixiase tras el accidente, quien amenazó a los fotógrafos con arruinarles la vida si sacaban una sola foto de su aspecto (lo cierto es que no existen imágenes del accidente, a pesar de la presencia de paparazzis) y quien cuando el conductor de la ambulancia les exigió dinero por llevarlos al hospital le arrojó una sortija de diamantes a la cara.

¿Salió del armario? Precisamente fue Liz Taylor quien confirmó, en un evento por el colectivo LGTB en 2000, que su “amigo más íntimo y mejor confidente” Monty era gay. Pero un documental de hace dos años dirigido por el sobrino del actor quiso arrojar luz, literalmente, sobre su legado. Making Montgomery Clift se desmarcaba del tópico de la figura trágica para presentar a la estrella como “un hombre con el sentido del humor de un payaso”, que prefería sus interpretaciones después de la cirugía y que se sentía plenamente cómodo con su sexualidad. Su madre asegura saberlo desde que el niño tenía 12 años y el actor Jack Larson contaba que cuando conoció a Clift le dio un beso en la boca con total naturalidad. Según el documental, parte del aura de “homosexual atormentado” que sigue teniendo Montgomery Clift viene porque sus biografías más populares se editaron en los setenta, una década todavía marcada por la homofobia sistémica. Su abuso de los tranquilizantes venía, sobe todo, por las dolorosas secuelas físicas de su accidente y por la ansiedad que le provocó una demanda de Universal. El director John Huston declaró que había sido imposible trabajar con Clift en Freud, pasión secreta y las compañías de seguros se negaron a cubrir su póliza arruinando así su carrera en el cine. Lo cierto es que Huston, quien en su autobiografía expresaba la repulsión que le provocaba la homosexualidad de Clift, le hizo la vida imposible durante el rodaje de Freud porque se enteró de que el actor había mantenido relaciones con otro hombre durante su estancia en el castillo que Huston tenía en Irlanda. Así que, según ese documental, lo que llevó a Montgomery Clift a una espiral de autodestrucción no fue su homosexualidad sino la homofobia.

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Tab Hunter en 1960. Foto: Getty

Tab Hunter: América no quiso creer que su ídolo dorado era gay

Su imagen pública. Tenía un físico tan perfecto que su casting para Island of Desire consistió en quitarse la camiseta.

Las adolescentes estadounidenses se enamoraron de Hunter en masa, lo cual le llevó a protagonizar Más allá de las lágrimas (en un papel por el que también lucharon James Dean y Paul Newman) y Warner compró los derechos del musical de Broadway Malditos yanquis solo para que él pudiera protagonizar su adaptación al cine. Es más, el éxito de su single Young Love llevó a Warner a abrir una filial discográfica solo para editar los discos de Tab Hunter. Con sus papeles de vaqueros, marines o soldados con rizos dorados, Hunter fue la respuesta luminosa e inofensiva a la que la América tradicional se aferró en contraste con el volátil James Dean, el hipersexual Elvis Presley o el animal Marlon Brando. En aquella época Hunter recibió el apodo de “el chaval de los suspiros”, porque sus apariciones en pantalla despertaban esa reacción en la sala.

Su secreto. Cuando Confidential publicó que Hunter había sido arrestado en su juventud en una “fiesta de pijamas” llena de “viciosos retozando” y “maricas estridentes”, el actor entró en pánico pero Warner le aseguró que América no querría creer que su ídolo dorado era gay. Y así era: Hunter fue la estrella más taquillera de Warner durante los cinco años siguientes. Para aplacar los rumores el estudio lo emparejó con su otra estrella de moda, Natalie Wood, pero la prensa sensacionalista los apodó “Natalie Wood & Tab Wouldn't” (que suena como “Natalie lo haría y Tab no lo haría”). La influyente periodista de cotilleos Louella Parsons se preguntaba en su columna si Tab era “el tipo de chico” con el que Natalie quería terminar. Cansado de hacer de adolescentes de sonrisa permanente, Hunter negoció el final de su contrato con Warner y voló libre en 1961. Primero se fue a Europa, donde mantuvo una relación con el bailarín Rudolf Nureyev, pero echaba de menos cumplir su sueño de criar caballos. Durante los 60 y los 70 trabajó en subproductos de serie B y actuando en restaurantes hasta que John Waters, quien lo considera la estrella más perfecta de Hollywood, le ofreció un papel en Poliéster. “¿Qué te parecería besar a una travesti de 150 kilos?”, preguntó el director en referencia a Divine. “Bueno, he besado cosas peores” respondió Hunter.

¿Salió del armario? El éxito de Poliéster resucitó a Tab Hunter, ahora como estrella kistch, y él abrazó su segunda vida con Lust in the Dust, donde volvió a trabajar con Divine. En aquel rodaje conoció a su marido, Allan Glaser, con quien estuvo 35 años hasta la muerte del actor en 2018. Pero antes Tab Hunter quiso contar su historia en una autobiografía y un documental con un título vacilón: Tab Hunter: Confidential. En ellos, el actor recordaba su conflicto juvenil al sentirse “dolorosamente aislado entre la homofobia casual de la mayoría de la gente y la subcultura flagrantemente gay de Hollywood, donde tampoco me sentía cómodo ni aceptado”. Donde sí se encontraba en su terreno era trabajando en sus establos y conviviendo con su marido en una casa en la que no había ni un solo recuerdo de su fama. Incluso regaló el disco de oro que ganó por Young Love. Hunter envejeció como la antítesis de la Norma Desmond de El crepúsculo de los dioses, sin nostalgia alguna por su gloria perdida. Quizá porque había ganado demasiadas cosas a cambio. Aunque le seguía costando hablar de su homosexualidad (“Me educaron para ser discreto y privado, mi madre era una alemana muy estricta y religiosa así que me enseñó que no se habla de esas cosas” confesaba) y aunque el último capítulo de su autobiografía se titulaba “Feliz de ser olvidado”, Tab Hunter consiguió exactamente lo contrario: pasar a la posteridad y hacer historia como la primera superestrella del Hollywood clásico en salir del armario.

Ver parte I:
I.Chantaje,culpabilidad y crueles tratamientos:así era ser gay o lesbiana en el Hollywood dorado: Rock Hudson,Cary Grant

ver parte 2:

II.Chantaje, culpabilidad: :así era ser gay o lesbiana en el Hollywood dorado:Marlene Dietrich,Rodolfo Valentino

Fuente:https://elpais.com/elpais/2020/05/22...nbDYdlRa8qoyPo