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Pablo Alborán cantando en los premios Goya.GTRES

La "salida del armario" de Pablo Alborán en la cima de su carrera musical ha vuelto a poner en el centro del debate la necesidad de estos gestos y a plantear por qué hay tan pocos referentes homosexuales en una industria tan grande como la española. ¿Es cosa de las discográficas o se refrenan los artistas?

"A mí a veces me echaban la bronca, porque se me había visto en este u otro sitio", afirma David Lafuente, exintegrante de Auryn, tras asegurar que en el contrato que le vinculaba con su discográfica existía una cláusula que, además de prohibir que les retrataran fumando o con bebidas alcohólicas, les impedía frecuentar locales de ambiente.

El artista granadino (nació en Pinos Puente), que hizo pública recientemente su relación con el también intérprete español Junior Ferbelles ("y salió hasta en Marca", comenta sorprendido), era uno de los cinco miembros de la "boy band" de mayor éxito que ha habido nunca en España, número 1 varias veces en España.

"Nunca he tenido la sensación de estar escondido. Mi entorno lo sabía desde los 15 años y he salido continuamente por el ambiente. Es verdad que en público no he tenido relaciones, pero nunca dije que me gustaran las chicas. Nuestras seguidoras eran sobre todo femeninas y me daba respeto que me dejaran de seguir, pero cuando te dedicas a un arte, deben hacerlo por lo que haces, no por con quien te acuestas", opina.

Sus palabras las matiza su excompañero de grupo Carlos Marco, especialmente lo referente a la supuesta cláusula, cuya existencia niega en redondo: "Éramos nosotros los que nos autolimitábamos. Teníamos pactado que no se nos tomasen fotos fumando o bebiendo, porque el público era muy joven y no tenía sentido ir a un sitio donde nos pudieran fotografiar en el suelo sin camiseta". "A mí nunca nadie me ha dicho nada. De hecho, sería ilegal. Es una decisión personal que tu sexualidad la lleves abiertamente. Yo he vivido con total libertad mi experiencia y lo he contado cuando salía con un chico", insiste el cantante, quien subraya que la única cláusula un poco extravagante del contrato era "que no se podían cambiar el look sin avisar".

Falta de canciones que hablen de la realidad homosexual

Con la misma discográfica de Auryn y Pablo Alborán graban en la actualidad Miss Caffeina, cuyo vocalista, Alberto Jiménez, se ha convertido en uno de los pocos referentes gays de la actualidad, más aún en el ámbito alternativo en el que se mueve este grupo. "Creo que no exagero si digo que en los últimos años el 65% de nuestro público pertenece a la comunidad LGTB", afirma el artista talaverano, que probablemente ha contribuido a ello al volcar sus experiencias personales en temas como Merlí o Reina.

En ese sentido, reconoce Jiménez la falta no solo de figuras, sino también de canciones que hablen de la realidad homosexual sin ambigüedades. "Al principio mis canciones tampoco tenían género, hasta el segundo o tercer disco", reconoce. Paradójicamente, su "salida del armario" fue de la manera más natural posible, durante una entrevista en la que en su respuesta citó a su "primer novio".

"Cuando di ese paso personal, profesionalmente no es que nos fuese mejor, pero yo me sentía más completo, porque cuando estás sobre el escenario o dando declaraciones, te sientes más libre, más auténtico, y eso se nota. Ya no tenía por qué escribir en neutro o tener miedo de parecer más afeminado en mi manera de actuar", cuenta.

Jiménez aplaude por ello el gesto de Alborán: "Hace ya como 10 años que Ricky Martin salió del armario y no sé si ha cambiado mucho la movida, pero toda repercusión sobre este tema con artistas tan grandes, con tantos fans, manda un mensaje muy positivo al hablar tan abiertamente de ello". "Lo que sí digo es que lo de que la industria te presiona es mentira. He leído muchos comentarios acusando a las discográficas y no creo que sea así. Dentro de la música, somos mucho más abiertos que en otros países para muchas cosas", defiende el manchego.

Avances desde los años 80

Más lento fue el proceso de uno de los veteranos de esta industria, Rafa Sánchez, la voz y la cara más visible de La Unión, grupo que se fundó en 1984. "En ese tiempo ser gay no estaba muy bien visto; acabé entrando en el mundo heterosexual y no me fue mal, pero llegado a una edad me di cuenta de que lo que quería era enamorarme de hombres", relata.

Su primera experiencia homosexual tuvo lugar en 1989, "un shock" para quien hasta ese momento había escrito canciones como Más y más (la de Hazme lo que quieras, nena). "Empecé a abrirme por mi círculo más cercano, hasta que llegó el momento de ser más honesto y plantearlo más claramente, pensando también que el panorama social en España y en una ciudad como Madrid no era tan horrible", rememora.

Lo que niega Sánchez es que en ese devenir tuviese alguna influencia su compañía de discos. "Nunca nadie me dijo nada de no salir del armario. De hecho, había más gays en la propia compañía y creo que por camaradería me hacían las cosas más fáciles", señala.

El músico madrileño, que destaca cómo "Almódovar y compañía fueron los pioneros en derribar muros" ("de lo que yo me he beneficiado", añade), destaca "aquel ambiente aún tan hetero de los años 80, más en el mundo del rock and roll, todos de negro y tachuelados". "Creo que socialmente han cambiado mucho las cosas. A mi generación le ha costado mucho por ejemplo verbalizarlo con los padres. Yo no lo hice. Con mi madre fue a hechos consumados, pero nunca quise hablarlo con ella porque sabía que le iba a doler", confiesa.

Todo eso explica en parte la ausencia de canciones más claras como Pecado. "Yo me autocensuré dejando de usar pronombres y hay un montón de temas a partir de los 90 que no tienen género. Éramos un grupo en el que el único gay era yo y siempre quise funcionar como banda", argumenta.

Ausencia de iconos femeninos

Si la visibilidad gay en la música se presenta como esquiva, en el caso de las lesbianas directamente es casi un desierto, lo que para Rocío Saiz, vocalista de Las Chillers y miembro del dúo mixto Monterrosa, tiene una explicación. "Está más penalizado, porque dejas de ser un objeto de deseo para una parte del mundo. Tenemos una lucha doble como mujeres y como lesbianas, pero por eso pido a mis compañeras que nos verbalicemos. Algunas tienen miedo a salir del armario por no tener contratos de trabajo", considera.

Las Chillers, una formación íntegramente homosexual y femenina, experimentaron un gran "boom" tras su participación en las fiestas del Orgullo. Ella afirma que lejos de colgarse la bandera, se ha limitado a mostrarse como es desde el principio. "Pero sin priorizar que lo soy", remarca esta artista que en canciones como Flores en el párking ha ayudado a visibilizar también la realidad transexual.

"Nunca hemos tenido problemas, excepto en un concierto para una marca en la que nos dijeron que no sacáramos la bandera arcoíris y no fuimos. No voy a permitir que nadie me censure. Somos muy de la sororidad y si nos enteramos de algún tipo de discriminación, hemos dejado de trabajar con esa gente", subraya.

En su opinión, la salida de Alborán será beneficiosa. "Sé lo que es que te insulten por ser lesbiana y me parece muy valiente, pero ojalá no hubiese tenido que hacerlo. Pablo no quería que fuese noticia porque esto no tenía que serlo, sino que saque un disco", concluye la artista.

Fuente: https://www.20minutos.es/noticia/430...OiwT_JdKl4QOcI