Extracto de la revista Mundo Joven de febrero y marzo de 2006 que pública Fundación Triángulo.

HOMOSEXUALIDAD Y TERCER EDAD:
LA SOLEDAD DE LOS CLICHÉS.

Por Guillermo Arróniz

“Si a los 45 ya no tienes pareja es muy difícil encontrarla. Luís G. Ni siquiera sabe “dónde o cómo debe jubilarse un adulto gay”.

Y esa última declaración me sirve como comienzo porque me vi sorprendido mi primer pensamiento sobre el tema, ¿existe alguna diferencia entre la tercera edad homosexual y heterosexual?. Obviando las distintas características de cada persona podría pensarse que ninguna. Eso sería deseable, claro. Sin embargo, a poco que se reflexione, saltan a la vista las dificultades añadidas. Es evidente que el hombre es un ser social. En uno u otro sentido, en muchos sentidos es un ser social. Necesitamos de los otros. Pero esas necesidades se vuelven mucho más inminentes en algunos casos: enfermedad, pobreza... A veces, la ayuda resulta insoslayable, no podemos prescindir de otros que nos permitan conseguir aquello que deseamos o necesitamos. También está claro que a partir de determinada edad ciertas capacidades disminuyen, por no decir todas, progresivamente. Y es entonces cuando la soledad resulta más cruel. Porque además, de la salud, el problema esencial de los mayores es la soledad a la que los hemos confinado. Ese es el doloroso lugar adonde quería llegar. Porque, según voy comprendiendo, es mucho más difícil que un homosexual de la tercera edad esté acompañado y tenga ayudas. Y eso porque sufre una triple exclusión. O una doble cualificada.

Me explicaré. La sociedad actual, como decía, no es muy amiga de los mayores. Porque la ralentizan, porque no se adaptan a sus vertiginosos cambios y porque los jóvenes pecamos en exceso de vanidad: lo sabemos todo, somos autosuficientes, las generaciones anteriores no tenían ni idea. Empezaré por entonar el mea culpa . El egoísmo humano nos lleva demasiado a nosotros en detrimento de las necesidades que necesitan TODAS las personas mayores.. La soledad es uno de sus peores dolores. Teniendo en cuenta que los mayores de 65 años son el 16,7% de la población, de los cuales casi 700.000 son gays, ¿Cómo podemos seguir ignorándolos?, ¿Cómo es posible que estén solos?.

Pero, claro está, están todavía más solos aquéllos que lo tuvieron más difícil para encontrar pareja y mantenerla, para ser comprendidos y queridos por sus familias (los que hoy son mayores de 65 años vivieron inmersos en una sociedad que les hacia todo mucho más complicado) y para ser aceptados y para ser aceptados por quienes les rodeaban en todos y cada uno de sus aspectos. Esa es la segunda exclusión, y aún queda otra.

Es la tercera edad o lo que yo he llamado la segunda exclusión, cualificada como si fuera un delito. Porque, en el fondo, lo es o me lo parece. La propia sociedad gay los discrimina. No interesan en los garitos, no interesan en los movimientos culturales y no interesan en las revistas (¿imagina a alguien en una portada de magazine “gay” con un homosexual de la tercera edad con boina y su bastón o anunciando una crema para las arrugas y su feliz y voluminosa barriga?). No, claro que no.

Porque no son la moda. Porque seguimos anclados, y cada día más, en el culto al cuerpo, a la juventud a los clichés. Así de claro. Y por ahí es por donde se llega a ciertas afirmaciones de los propios interesados. Jordi dice que “a todos nos gustan jóvenes”, y Pere remata “Las saunas están llenas de ancianos porque no tienen lugar donde relacionarse”.

Después de los testimonios, de los informes de Lambda (Valencia), del Colectivo gay de Barcelona, y de la Federación Nacional por la Igualdad Sexual (Suecia) creo que queda un largo camino por andar a través de las cerradas mentes de todos nosotros. Si nos educamos hoy no podremos esperar más que soledad mañana. Y ese mañana concreto está más cerca de lo que pensamos”.