Itziar Ziga
Idazlea
No hace mucho que Itziar Ziga (Errenteria, 1974) «humedeció» los cimientos del panorama erótico con su trabajo, «Sexual Herria», cuya portada llegó a escandalizar a facebook. Ahora se halla inmersa en lo que será su primera obra de teatro, «May Feer Krosty», una comedia de enredo queer.


Amaia GARTZIA | GASTEIZ

Itziar Ziga se confiesa como una chica de poco mundo a la que le gusta viajar con poco peso -«algún libro que muchas veces no llego a abrir»- y sentirse liviana en medio del paisaje. La invaden las emociones de dos viajes más o menos recientes: la hipnotizante artificialidad de Port Aventura y el morbo de ser «descubierta» en su adorada Marruecos.

¿Cuál sería el paraiso sexual al que huiría Itziar Ziga? Y no vale decir Barcelona.

¡Uf!, me lo pones difícil. Como no soy bonoba y no iba a ser admitida en esa tribu simia matriarcal que se rige por el sexo indiscriminado y la empatía, y tampoco tengo una máquina del tiempo que me permita comprobar si existió Sexual Herria como yo la fabulo, cruzaría la línea de clase, algo igualmente improbable. Me fugaría a una mansión frente al mar, rodeada de bosques inexpugnables y lujo desmedido y acogería a mis amigas. Como hizo la gran escapista María Antonieta.

Un viaje que le haya marcado.

Soy una chica de poco mundo, la verdad. La mezcla entre precaria y vaga no me ha brindado demasiadas oportunidades de pasearme por lugares remotos. Pero el otro día visité un mundo del que siempre había echado pestes y me fascinó: Port Aventura. En pocas horas recorrí China, Polinesia, México, el Far West en versión artificial y perfecta. La gente parecía extrañamente feliz y solo vi un vigilante de seguridad en dos días, cerca de nosotras para variar. Todo era amable, impoluto y hermosamente estúpido. Hasta pensamos en escondernos en alguna atracción para comprobar si de noche el personal es controlado mentalmente por alguna fuerza maléfica en la sombra.

¿De vacaciones, urbanita o prefiere el mochileo?

Hace muchos años era hetera y montañera. Lo que peor llevaba era cargar con la mochila. Yo no disfruto del paisaje si voy cargada como una mula. Adoro la inmensidad verde, me vuelven loca los desiertos, pero ligerita. Eso sí, siempre con un bar cerca.

¿Se lleva sus reivindicaciones sexuales o las dejas descansando?

Desgraciadamente no hay ningún lugar en el mundo donde una chica intrépida y pizpireta pueda pasear sin ser importunada. Pero aprendes a disfrutar sin ponerte en peligro. Creo que fue en febrero de este año cuando mi novia, un amigo y yo nos bajamos al moro. ¡Adoro Marruecos! Creo que la gente parece allí más feliz que en ningún otro lugar que yo haya conocido. María y yo nunca nos cortamos de besarnos en ningún sitio, pero allí sabes que no puedes hacerlo. Así que nos lo tomamos como un juego, como si tuviéramos que encontrarnos en la clandestinidad de un franquismo que ninguna de las dos vivimos. Hacer manitas por debajo de la mesa y esas cosas de adolescentes. El último día en Tánger descubrimos un bar de lesbianas. Mujeres con y sin hyjab, borrachas, bailando, alegres. Regresé del viaje de Marruecos con más resaca de la que llegué.

Fuente: «En Tánger descubrimos un bar de lesbianas; mujeres con y sin hyjab»