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Bebe es la protagonista de 'Libertad', de Enrique Urbizu

Enrique Urbizu insiste en reescribir las reglas del cine de género desde el feminismo y la diversidad

Después de Centauros del desierto vinieron tantas reescrituras del western como intentos de refundar miradas. Incluido Brokeback Mountain, de Ang Lee. Y después de El hombre que mató a Liberty Valance, la conquista del Oeste exigió incluso la certeza de que fuera una mujer la que dictara la ley en, por ejemplo, Meek's Cutoff, de Kelly Reichardt. Ni machista ni homófobo, por fin, ahí se encontraba la nueva frontera y el nuevo reto de un género que básicamente no es más una refutación de cualquier límite exterior o interior. Libertad, de Enrique Urbizu, es una película consciente del pasado que la asiste y por ello, y como es norma en la filmografía del director, se arroja con pasión a la meticulosa reelaboración de las pautas más evidentes que configuran el género, sea el thriller sea, como ahora mismo, el propio western.

Desde hace una vida entera, el cine español anda a la búsqueda de su propio relato de frontera, de su propio western. El otro lado del Río Grande bien podría ser nuestro sur de Sierra Morena. La conquista del Oeste (como quiebra de los mapas) configura la geografía sagrada en la que todas las mitologías convergen. La aventura no consiste en otra cosa que en un ejercicio de comprensión. Lo salvaje, lo que no tiene normas, se rinde ante el imperio de la ley. Así, los indios caen ante el Séptimo de Caballería, la frontera adquiere el tamaño icónico del horizonte, un caballo de hierro traza caminos donde antes sólo había una llanura infinita y, por qué no, Luis Candelas rinde cuentas ante el gobernador. Digamos que en las cuatro categorías que ideó Borges para encerrar todas las historias posibles de la humanidad en su relato 'Los cuatro ciclos', estaríamos en la tercera de ellas, la que trata de una búsqueda; la que hace parientes próximos a los argonautas y a los colonos; a los buscadores del santo Grial y a los infectados por la fiebre del oro; al capitán Ahab y los bandoleros, todos héroes castigados al infierno.

Este es el espacio de Libertad, el mismo que en nuestra tradición ocuparon películas como Amanecer en puerta oscura (1957), de José María Forqué, o la serie completa de Curro Jiménez para televisión capitaneado por Joaquín Romero Marchent a finales de los setenta. Urbizu, buen conocedor del espacio mítico que transita, insiste en recorrer ese mismo paisaje. Y lo hace con la violencia debida dejando que sus personajes se transfiguren antes en arquetipos wagnerianos o shakespearianos que en simples criaturas terrenales. Lo interesante ahora, y ahí el hallazgo, es la localización de la frontera.

Los personajes de Bebe o Isak Férriz no pelean solamente contra una ley injusta y un gobernador cruel también lo hacen contra la propia realidad de pedernal que no reconoce ni a las mujeres por débiles ni a los homosexuales por desviados. Toda la pelea que plantea Libertad a cielo abierto entre las sierras inhóspitas se reproduce exactamente con la misma virulencia y encono en el espacio recóndito de lo secreto, lo inmutable. La aventura en su radicalidad también es sacrilegio.

La película cuenta la historia de La Llanera, una mujer que tras años de encierro y después de ser condenada e indultada más veces de las soportables se ve por fin libre. O casi. Ella y su hijo huyen. Detrás van Lagartijo, Aceituno y hasta un biógrafo inglés seducido por la posibilidad de una relato de aventura y, por supuesto, libertad. Todos buscan algo y todos se buscan a sí mismos. Y así lo que sigue es una película dispuesta en línea recta empeñada en convertir la fiebre en aliento. La caligrafía de Urbizu tan encendida como clara acierta de este modo a volver a contar la historia de siempre, pero hacia dentro. El único lastre reconocible, eso sí, corre a cuenta del experimento de alternar serie para la tele y película que infecta a esta última de un ritmo episódico innecesario.

Sea como sea, queda la claridad libre de fronteras ni hacia fuera ni hacia el interior; queda el western, el género que, en efecto, inventó al cine.

Fuente: https://www.elmundo.es/cultura/cine/...NnY3GB8JyU5zrs
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