Exposición sobre Miguel de Molina, el cantaor que tuvo que exiliarse por su homosexualidad


El complejo cultural El Águila de Madrid acoge hasta el 17 de mayo “Arte y provocación”, la primera exposición retrospectiva dedicada el cantaor de copla Miguel de Molina, que tras la Guerra Civil se vió obligado a abandonar España por sus ideas republicanas y su abierta homosexualidad. Aunque poco antes de morir en 1993 regresó desde Buenos Aires para recibir la Orden de Isabel la Católica de manos de Felipe González, no quiso quedarse, ni siquiera muerto, en el país que tanto daño le había hecho. Él mismo, en sus memorias, contaba como, “por rojo y por marica”, una noche tres hombres le sacaron a palos del teatro Pavón y le dieron una brutal paliza.
La muestra, inaugurada ayer, ha sido organizada conjuntamente por la Comunidad de Madrid y la Fundación Miguel de Molina. “Creo que era necesario reivindicar la figura de Miguel de Molina, porque sufrió como nadie, en sus propias carnes, la represión de este país, ya no sólo ideológica, sino por ser homosexual”, dijo el consejero de Cultura, Santiago Fisas.
La exposición muestra fotografías dedicadas a él por importantes personajes con los que mantuvo relaciones, como Pastora Imperio, Manolete, Jacinto Benavente, Falla, Lola Flores, Agustín Lara, María Félix o Eva Perón. Otra parte importante es la colección de carteles de teatro y cine. También se podrá realizar un paseo por su filmografía y descubrir los primeros cortos en los que participó o de su largometraje “Ésta es mi vida”. La muestra expone también algunas de las características prendas de su fabuloso vestuario, que él mismo diseñaba.
“El 10 de noviembre de 1939 estaba de nuevo en Madrid, trabajando en el teatro Pavón, cuando, de pronto, tres tipos aparecieron en mi camerino y me obligaron a que les siguiera. Fui raptado hasta los altos de la Castellana, donde me dieron una feroz paliza”, contó en sus memorias el gran cantaor que empezó a ganarse la vida como limpiador en un burdel de Algeciras. Miguel de Molina murió en Buenos Aires el 4 de marzo de 1993, y allí quiso quedar enterrado, en el Panteón de Actores del cementerio de La Chacarita.