Fuente:carlaantonelli.com

Transexualidad y Feminismo



Voy a hablar en este comentario mucho de mi participación en el movimiento feminista, y me vais a permitir que lo haga, porque voy a hablar de mis opiniones personales. Puede ser que alguien no esté de acuerdo con lo que voy a decir, pero me reconocerá de todos modos el derecho a tener opiniones personales. Por eso, no está mal que todo este comentario tenga un color personal.
El 17 de junio mis amigas de la Asamblea de Mujeres de Granada me han invitado a dar una charla, el 26 de junio a una conferencia -dos días antes del Orgullo Gay- y el año que viene posiblemente participaré en unas Jornadas, todo sobre el tema "De la transexualidad a la intersexualidad", que les ha interesado mucho.
Las relaciones del feminismo español con las transexuales han sido históricamente buenas, a diferencia de lo que pasó en los Estados Unidos. En 1993, por iniciativa de Cristina Garaizábal y Empar Pineda, estuvimos Mónica Blanco, Jenny, Mercedes Camacho y yo en las Jornadas de Madrid, que resultaron una experiencia catártica para el feminismo y para nosotras. Un aula de la Complutense llena hasta desbordar, gente sentada en las escaleras y el suelo, sonrisas, cordialidad y luego amistades para toda la vida.
Luego, en las de Córdoba, en 2001, me parece, estuvimos Juana Ramos y yo, también con Cristina y Empar, en un ambiente igualmente amistoso, aunque ya más tranquilo. Allí tuve ocasión de exponer que el feminismo es antisexismo, y por tanto no puede defender en exclusiva los intereses de las mujeres, porque eso sería corporativismo: debe tener una visión más amplia, de igualdad humana por encima de la diferencia de los sexos; se llama feminismo por su origen histórico en las mujeres, pero debería llamarse Nosexismo. También pude hablar de mi opinión de que las transexuales somos "más o menos" mujeres, y me di cuenta de que este "más o menos" podía dar mucho juego, y era comprendido y reflexionado.
En general, las feministas nos ven a las transexuales como una especie de aventureras del género, o exploradoras del género, o generonautas, de las que las experiencias, por ser más radicales que las suyas, les han abierto los ojos sobre las dimensiones culturales del género. En los Estados Unidos, eso es así desde que Stoller publicó "Sex and Gender", un libro sobre la transexualidad que llamó la atención de las feministas, cambiando su primera opinión, en gran parte negativa hacia las transexuales. En España, fueron Cristina Garaizábal y Empar Pineda las que introdujeron la nueva valoración, gracias a su amistad con Mónica Blanco y Jenny, y por eso desde el principio las relaciones entre el movimiento trans y el feminismo fueron positivas.
Ahora, como generonauta, quisiera dar un paso más y sé que me van a escuchar atentamente.
Quiero hacer pensar a las feministas sobre el concepto de intersexualidad. Empezaré haciéndoles ver que el concepto de la dualidad de los sexos es erróneo, porque físicamente, biológicamente, hay por lo menos tres situaciones en humanos y animales: hembras, intersexuales, cuya máxima expresión es el hermafroditismo, y machos.
Luego quiero seguir hablando de los matices intersexuales en cada sexo. No hay machos o hembras absolutos, puros, sino una graduación que se puede representar estadísticamente en forma de dos campanas de Gauss, no separadas, sino unidas por un seno; siempre hay población en cualquiera de las situaciones.
Sin embargo, quiero hacer ver que la realidad biológica es la que es, pero que nuestra cultura no la comprende: funciona sobre la base de sólo dos conceptos, el de varón y el de mujer, más o menos entendidos como puros. Sabe que hay realidades intermedias, pero no las conceptúa como autónomas, valiosas, sino como hombres o mujeres imperfectos, nos olvida de hecho, o nos censura por ser como somos.
De aquí quiero pasar a que muchas veces, las personas transexuales nos situamos en la línea descendente de la masculinidad o de la feminidad, y de aquí nuestra disforia, porque al no ajustar con los modelos culturales nos encontramos fuera de lugar, y en busca de una identidad que nuestra cultura no nos da (no hay más que ver las películas, todavía hoy, y preguntarse cuántos personajes definidamente intersexuales aparecen en ellas)
Por tanto, planteo la cuestión de la transexualidad como un diálogo -a gritos- entre naturaleza y cultura. También tiene otra dimensión, cuando la disforia no procede de una intersexualidad definida de partida, sino de otros factores (falta de modelo paterno, fracasos amorosos, estrés por el rol masculino...) . Si se parte de ellos, aunque no se sea intersexual de partida, se lo es de llegada. Una persona trans, hormonada u operada, es objetivamente intersexual, se mire como se mire. Pero también nos falta el concepto de intersexual para decírnoslo a nosotras mismas. Si no somos hombres, seremos mujeres, nos dice nuestra cultura. Y punto. Si luego vienen nuevos desajustes, no nos entendemos, y acabamos echándonos las culpas a nosotros mismos, en vez de echárselas a las limitaciones de nuestra cultura.
Pero de aquí quisiera pasar a la cuestión de la intersexualidad como más o menos general en toda la humanidad -más o menos, lo digo con guasa-, y a la postura que las feministas deben tomar ante este hecho natural.
Mientras dividan a la humanidad entre mujeres, varones y punto, no estarán superando el sexismo cultural. No hay sólo hombres y mujeres, estamos otras personas, y los hombres y mujeres son más o menos hombres y mujeres.
Cualquier teoría que se funde en la realidad, será fuerte, y la que no se funde, será débil. Por eso, las personas transexuales -o intersexuales- debemos invitar a las feministas a que reformulen sus teorías.
Por ejemplo -y esto lo digo medio en serio, medio en broma-, la política lingüística de la o y la a es insuficiente. Nosotras debemos reivindicar que se use también la e, y se diga, por ejemplo, ciudadanos, ciudadanas y ciudadanes, puesto que lo somos con igualdad de derechos, aunque seamos menos.
Ya en serio, creo que la opción lingüística por la o y por la a es una norma de cortesía (como el "tú y yo"), a veces más que natural, y a veces, artificial. Pero la broma nos ayuda también a visibilizarnos y a visibilizar una situación de intersexualidad "más o menos" general, que, si se admite, permitirá que muchos hombres no tengan que hacerse lo más varoniles posible, y muchas mujeres, tampoco tan femeninas como las que más, sino que reconocerá el valor propio de Yves Saint-Laurent o Isabelle Eberhardt, que han tenido una forma de vivir y sentir propia, pluralizadora e innovadora de la humanidad.
Kim Pérez 16-06-2008