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El romance maldito de Anthony Perkins, el actor al que se le arruinó la vida por hacer de Norman Bates en Psicosis

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  • El romance maldito de Anthony Perkins, el actor al que se le arruinó la vida por hacer de Norman Bates en Psicosis


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    Anthony Perkins en la piel de Bates y Berenson en uno de sus últimos retratos. Foto Berry: AP.

    En la semana de aniversario 61 del estreno de la película de Alfred Hitchcock, un recorrido por el trágico matrimonio de su protagonista con Berry Berenson

    Pocos espectadores conocen al Anthony Perkins que está más allá de Norman Bates. Ser el villano de Psicosis fue un estigma que lo acompañó hasta el final de sus días y haber ocultado durante décadas su homosexualidad lo convirtieron en protagonista de innumerables historias surgidas tras las bambalinas de Hollywood. Una de ellas, tan feliz como terrible, es esta.

    I: El ídolo

    Anthony Perkins y la fotógrafa Berry Berenson, ídolo e idolatra, se conocieron en 1972 en una fiesta organizada por la actriz Ruth Ford, coprotagonista del actor en la película Play It As It Lays. Ella tenía 24 y estaba enamorada de él desde los 14, cuando lo descubrió en el film Phaedra. Se llevaban 16 años.

    Sus primeras conversaciones serias se dieron cuando Berry tuvo que fotografiarlo en el piso de Nueva York que él compartía con el bailarín y actor Grover Dale y un día que ella le tuvo que hacer una entrevista. A su vez, la casa de Berenson era una de las locaciones de Play It As It Lays y eso los mantenía cerca.

    Al año siguiente, Perkins llamó la atención de sus amigos cercanos: anunció su casamiento con Berenson.

    Nadie podía creer que él saliera con una mujer debido a que siempre había tenido aventuras con hombres. De hecho, se dijo que Perkins y Dale estaban manteniendo un affaire mientras vivían juntos en la Gran Manzana. Extrañamente, ese año su ex compañero de piso también le ofreció el anillo a una señorita.

    II: La boda
    La noticia tampoco dejó conforme a la familia de Berenson. Su padre era un diplomático, su hermana la actriz y modelo Marisa Berenson, su madre la Marchesa Cacciapuoti di Giugliano, su abuela la famosa diseñadora francesa Elsa Schiaparelli y su tío abuelo un coleccionista de arte conocido por acoger en su villa italiana a todo snob e intelectual que hubiera en su época.

    A priori resulta sencillo imaginar las caras de póker que habrán puesto estas personas cuando Berry, embarazada de tres meses, les anunció que se casaría con el protagonista de Psicosis, de quien se decía que salió con hombres. La marquesa, disgustada con la decisión de su ángel, la llamó “degenerada”.

    Contrariamente a lo que solía lucir su hermana Marisa, referente de la moda de alta costura, Berenson eligió para su noche de bodas un vestido de abuela, corona de flores y pies descalzos.

    III: Si la cosa funciona...

    Si Perkins se casó con Berenson para aparentar algo que no era nunca se sabrá, pero todo indica que funcionaron como matrimonio. Aunque se decía que él mantenía affaires con otros hombres mientras estaba con ella, Berry nunca habló mal de Perkins y estuvo a su lado hasta su último día.

    Charles Winecott, biógrafo del actor, recopiló en su libro “Split Image: The Life of Anthony Perkins” una serie de testimonios de allegados a Anthony que sostienen que él realmente estuvo a gusto con Berenson.

    De su relación nacieron sus hijos Osgood y Elvis y “Remember My Name”, una película en la que actuaron juntos y demostraron tener mucha química.

    IV: Tormentoso Bates

    Su papel de loco en la película de Alfred Hitchcock lo marcó para siempre y lo convirtió poco a poco en otro hombre. Estuvo años enojado con su personaje. Era una carga y, aunque le daba dinero, lo limitaba.

    Desde el setenta en adelante, Perkins no obtuvo un solo rol reconocido a excepción de un interesante personaje en el film coral de Sidney Lumet Asesinato en el Orient Express. Incluso protagonizó secuelas de Psicosis, película en donde representaba al asesino que lo condenó.

    Si bien nunca lo demostraba en los medios, estaba completamente resentido con el mundo del espectáculo porque, entre otras cosas, vivió largos períodos de tiempo sin trabajar (llegó a estar dos años sin hacerlo).

    En el tiempo libre que tuvo en su época de casado, Anthony aprendió a tocar el piano y se la pasó haciendo llamadas telefónicas y esperando que los agentes lo solicitaran.

    Cuando Hollywood le dio la espalda, Perkins llegó a creer que en la industria lo veían como el personaje extraño que interpretó en el clásico del genio del suspense.

    V: En el limbo

    Un día, Anthony revisó National Enquirer y vio una nota que aseguraba que tenía SIDA. Era 1990. Preocupado por esta afirmación fue a que le hicieran un análisis y comprobó que aquello que temía era cierto.

    Años más tarde, Berenson, quien también se hizo una prueba y se enteró que no contrajo la enfermedad, diría que lo que sucedió fue que una persona consiguió los resultados de un análisis de sangre que le habían hecho al actor por otro motivo, hizo el test de VIH y le envió los resultados al Enquirer.

    De 1990 a 1992, la salud de Perkins fue decayendo. El actor no quería que nadie supiera que su situación era complicada porque temía que Hollywood le cerrara definitivamente sus puertas. Berenson lo visitaba en el hospital firmando con otro nombre porque él no deseaba que ni una persona se enterara que estaba allí.

    Mientras transitaba la enfermedad, Perkins le reveló a su círculo íntimo que aprendió más sobre el amor, el altruismo y la comprensión humana “en la aventura del mundo del SIDA” que en el “mundo feroz y competitivo” en el que pasó su vida.

    En sus últimos meses se alejó de sus amigos y toda persona que estuviera relacionada con él era agobiada por la prensa en el supermercado, la vereda o en donde sea. Berenson no podía controlar más la situación: necesitaba contarle a alguien lo que estaba atravesando su esposo, pero Perkins se negaba.

    El día de su cumpleaños sesenta, Anthony fue recibido de incógnito por su grupo de amigos y estos lo vieron demacrado. Ese día, Berry tomó la decisión de contarle a los allegados cercanos de su esposo lo que estaba sucediendo con el actor.

    Esos allegados fueron quienes, junto con Berenson y los jóvenes Osgood y Elvis, acompañaron a Anthony en su último día de vida. Perkins murió el 12 de septiembre de 1992 en su casa de Hollywood, pero Bates siguió vivo.

    VI: Epílogo fatal

    Sin ánimos de que esta nota se asemeje a esa controversial película protagonizada por Robert Pattinson en 2010, se puede decir que la historia de ambos tenía de todos modos el destino escrito.

    Un día antes del noveno aniversario de la muerte de Perkins, Berry tomó el Vuelo 11 de American Airlines y falleció horas después en el atentado a las Torres Gemelas.

    Ese día, Berry y su hermana Marisa embarcaron en dos aviones diferentes. Una tomó el vuelo de la tragedia que iba de Boston a Los Ángeles y la actriz uno que la llevaría de París a Nueva York.

    El segundo aterrizó en Canadá porque el vuelo de la fotógrafa se había estrellado contra el World Trade Center. En la Isla Terranova, Marisa le pidió explicaciones a su hija y se enteró que el avión en el que iba Berry había chocado contra el World Trade Center.


    Fuentes: Vanity Fair, AMNY, Split Image; The Life of Anthony Perkins, The New York Times.

    Fuente: https://www.clarin.com/internacional...SVoiRnglTtBknI
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