Jordi Petit – NUEVO CURSO LGTBI: EL RETO LAICO

Jordi Petit

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Tras meses y meses de pandemia ocupando toda la información en los medios , -como lógicamente no podía ser de otra manera- han ido ocurriendo sucesos que han quedado fuera del alcance de la opinión pública. En otras circunstancias seguro que la campaña electoral del presidente ganador en Polonia, cuya punta de lanza fue la ofensiva contra las personas lgtbi, habría sido portada. Igualmente la posición de la Conferencia Episcopal Polaca a favor de hospitales para curar a homosexuales y transexuales, es de suma gravedad.
Hungría y Rumanía siguen los pasos de Polonia. Más al este, peor, como en Rusia y Txexenia.
En otros puntos del planeta vemos similares ofensivas lideradas por las iglesias católica y evangelista en América, así como del islamismo integrista en el sureste, desde casi toda África, Oriente Medio a Indonesia, pasando por los fanáticos reinos de la península arábiga.
Esta campaña sexo-fóbica se ve trufada de enormes injurias y mentiras absurdas.
El abanico de argumentos esgrimidos en todos los casos no son nuevos, ni siquiera se retrotraen al vih/sida que jugó un tremendo papel estigmatizador en los 80’s-90’s.
La calificación de enfermedad, pecado y delito, que aparecen conjuntamente desde el siglo XIX, hoy no tienen ninguna base razonable, pero renacen. La ciencia y los Derechos Humamos, desmienten este órdago, no se sostienen estos absurdos. Las acusaciones de pedofilia y otros abusos y disparates, tampoco se pueden mantener. Pero se vuelven a esgrimir, sin recato alguno.

La visibilidad de las familias homoparentales y los asesinatos de personas transexuales, evidencian
la intolerancia de las religiones monoteístas y del pensamiento supremacista, que predican Trump, Putin y Bolsonaro, entre otros. Se baten a la defensiva y ante las evidencias no hay mejor defensa que el ataque furibundo, el anatema y las mentiras descaradas. Hay sectores de la sociedad en los países en vías de desarrollo e incluso en los EEUU y la UE, permeables a estos mensajes de odio.

La clave para comprender que sucede reside en su baja alfabetización, marginación económica y religiosidad integrista. Son segmentos marginados dentro de la población, que precisan de un imaginario colectivo que sostenga su identidad común, un horizonte esperanzador donde acogerse dentro de la crisis múltiple que vivimos. El llamado “ascensor social” no funciona, no hay igualdad de oportunidades. Esa fue la base de la rebelión joven de las banlieues en Francia…
Cambios de los modelos de familia, en la sexualidad y la inseguridad económica, han generado un tremendo individualismo, un encierro de las persona en sí misma, en sus menguantes tradiciones y en clanes cerrados a cal y canto.
Internet se ha convertido en un consumo a la carta, es decir, que se puede encontrar aquello que mejor sacia o tranquiliza a cada cual. El acceso sin control de las criaturas a las redes sociales y los video-juegos violentos, suman elementos destructivos en la base de nuestra civilización.
La violencia de estos sectores intimida al resto de la población.

EL RETO LAICO

No podemos juzgar lo que pasa en el mundo desde los países del oeste de la UE, con unas democracias bastante arraigadas y laicas. Hay que hacer abstracción y situarse donde cunde el supremacismo y el fanatismo, para comprender que y como está cambiando.
De Polonia al este todo es distinto. Sean países dentro de la UE como de la federación rusa, que accedieron a cierto grado de democracia, -distinto en varios casos- hace tan solo 30 años, tras décadas y décadas de dictadura comunista. En el caso de Rusia, tras siglos de servilismo al zar, apareció Stalin, y fue más de lo mismo. El estado laico es ajeno a su tradición. Sus raíces están en la religión (bastión de la resistencia anti-comunista) y más allá sucede lo mismo, sea cual sea la religión dominante o el escepticismo y la indiferencia ante todo que cunde en mucha juventud. Me atrevería a decir que se va produciendo una des-culturización de las sociedades por efecto de internet y los medios de comunicación. El sensacionalismo es lo que más vende.
Hablo pues de un fenómeno de pérdida de los valores de la modernidad, de una creciente desconfianza hacia las instituciones democráticas. Hay lugares donde estos valores no llegaron y siguen instalados en regímenes totalitarios, aunque adornen las camisetas de los futbolistas.

Dicen que la democracia es el sistema menos malo de gobernanza, pero a este paso vamos hacia estados autoritarios, sostenidos por sus respectivas religiones.
Los derechos de las personas lgtbi y de las mujeres, -la ideología del género-, es tildada de enemiga y es aborrecida por todo tipo de clérigos. Señal de que avanza, somos más visibles que nunca.
El fanatismo ciego llega pues a extremos increíbles. Hace pocos años en las manifestaciones que las iglesias convocaron en Ciudad de México contra el matrimonio igualitario, aparecieron pancartas con este texto: “No a los niños pecadores que tientan a nuestros obispos”. Con esto está todo dicho.
Con este análisis del panorama existente, creo que el problema no son los derechos de las personas lgtbi y ni de las mujeres, -que obviamente también- el verdadero reto es el asedio al estado laico.

Jordi Petit

Septiembre 2020