David Gasol — Ingenuïtat i apropiacionisme hetero

David Gasol — Ingenuïtat i apropiacionisme hetero

(traducció encara no disponible en català, disculpeu les molèsties)

Hace unos días en Barcelona tomando un café a media tarde en el bar de un barrio con tiendas orgánicas donde comprar 1kg de espinacas a 3 euros, una pareja heteronormativa blanca de unos 30 años con alianzas que exhibían el ejercicio del matrimonio, comentaba a sus amigxs que había hecho su primer trio. Ambxs lo narraban en voz baja respondiendo al llamado decoro social, y aunque estaban en la mesa de al lado, si prestabas atención, podías escuchar con detalle toda la conversación. A pesar de que esa pareja parecía haber aceptado las reglas heterosexuales como hechos obligatorios y dogmáticos, donde las cuestiones de lecho conyugal deben quedarse en el espacio privativo, explicaban con cierto orgullo la experiencia a sus amigxs, también parejas heterosexuales, por haber superado el proceso de gestión de celos para un ejercicio no monógamo. La tercera persona en cuestión, por supuesto, era una chica que habían conocido hace tiempo por Tinder… No dieron muchos detalles sobre cómo practicaron sexo, si fue en la cama o en el sofá o con o sin preservativo, pero en pocos minutos la conversación de la mesa se dividió en miradas de complicidad entre “machos” y cuestiones sobre afectividad entre “hembras”. Y llegó la pregunta para ella “-Si te ha gustado, ¿quizás eres bisexual?” a lo que respondió que no lo sabía, riéndose. La conversación enseguida se redirigió en que había sido una experiencia sin más, que había sido sano para la pareja y que lo habían disfrutado. Nada malo, aparentemente, si no fuera porque la otra persona implicada era chica y era evidente lo que allí sucedía: todxs sabemos que si la tercera persona hubiera sido un chico la cosa hubiera cambiado mucho… En el caso de haber compartido con sus amigxs heteros la experiencia con un chico, ¿cómo hubieran presentado el relato? Probablemente sus amigxs habrían pensado que ella era lo que popularmente podrían etiquetar como una puta y que él, era un maricón calzonazos que permitía que otro hombre se follara a su chica. Sin embargo, no. La tercera persona era una chica y por tanto, él presentaba un papel victorioso de macho penetrador y ella una figura de persona abierta y moderna que experimentaba sexualmente con su chico porque “juntxs habían roto” las hipotéticas barreras morales de la monogamia impuesta. Machismo encubierto y homofobia latente… un clásico hetero para limpiar imágenes de la misma forma que ir al Orgullo esperando el fiestón de tu vida… Y llegó la pregunta que alguien hizo, por fin, como no, en forma de mofa “-¿Y lo vais a hacer con un chico?” y la respuesta del hombre fue inmediata, rotunda y con humor “-¡No!” y ella respondió un pronosticado “-¿Por qué no?” y él, evidentemente, contestó un “-Lo vamos viendo…”. Escena triste allá donde las haya… Sin embargo, no era la primera vez que había presenciado este tipo de relatos explicados por heteros… Uno de los últimos que recuerdo, fue el de una conocida que presumía de haberse liberado de la barrera judeo-cristiana practicando eso a lo que ahora lxs heterxs llaman poliamor y que nosotrxs, lxs maricas, trans y bollo, hemos llamado toda la vida como “pareja abierta”. Por supuesto, la tercera persona de esa pareja era, nuevamente, una chica y ella, mientras lo explicaba, miraba con desprecio al resto de la mesa apelando a que “estaban poco evolucionadxs”… Esta ingenuidad propia de la heterosexualidad pedante presentada como práctica “moderna” y “progre”, no solo es frívola por perpetuar las mismas estructuras machistas y homófobas, sino que, nuevamente, bajo un juicio de superioridad moral, “abrir” la pareja es entendido como sinónimo de evolución en las relaciones sexuales, obviando que siguen acatando unas reglas inmóviles que son incapaces de ver a pesar de decorarlas bajo el verbo “deconstruirse” como si fueran el absurdo plato de un pretencioso cocinero… Que una pareja heteronormativa hombre-mujer incorpore a otra mujer en su práctica sexual, no es superar el dogma contractual burgués basado en la monogamia fomentada por la cristiandad para que el proletariado no enfermara de ETS’s y pudiera asistir a fabricas donde eran explotadxs, más bien es reforzar la masculina heterosexualidad tóxica donde el hombre es amo y señor del cuerpo de la mujer… Quizás la cosa cambiaria si se incorporara otro hombre en su cama, porque ahí se vería cuan de abierto es su matrimonio, donde el hombre heterosexual sigue siendo incapaz de explorar su sexualidad anal… Pero el orgullo del macho se lo impide y ellos se lo pierden…

En ese momento, estaba leyendo el libro “La sombra de la sospecha” de R. Campos, donde explica cómo la clase proletaria ha sido criminalizada a partir de la ciencia substitutiva de la religión con el trabajo como deber moral para la reincorporación social. En el libro, Campos transcribe un extracto del libro La mala vida en Madrid de Bernaldo de Quirós; José María Llanas Aguilaniedo (1901) “La mala vida es un término de calificación de la conducta, un adjetivo que adjudicamos a todas las clases sociales en cuanto se desvía de la normalidad elaborada por la especie, merced al desarrollo de sus energías, en todos esos ejercicios que se llaman la moral (…) pero cuando este término de calificación llega a aplicarse a cierta clase de gentes que, haciendo de los modos reprobados de vivir su profesión y estado, forman grupo mas o menos disgregado del organismo social (…) convirtiéndose así en el nombre especifico de una clase: la clase de gentes de mal vivir”. La mala vida… Esa que maricas, trans y bollos se nos ha atribuido porque rechazábamos y escupíamos en la normalidad anhelada… Enseguida me acordé que hace muchos años, cuando aun no existía ni Grindr ni Scruff o app’s similares, las maricas usábamos páginas de contactos como Gayromeo, Bakala, Man4man, Gaydar, Manhunt u otras en las que elaborabas un perfil tipo Facebook para presentarte, con información como tamaño de polla, rol, fetiches u otros datos que pudiera interesar para practicar sexo entre personas pene-portantes (o no). Ahí podías encontrar a personas en el armario, padres de familia o maricas que no entendíamos nada de nada hasta que no teníamos eso a lo que llamamos o llamábamos “madre”, una persona más mayor que te ayudaba a entender, informándote sobre cómo practicar sexo seguro, sin miedo, paliando nuestro eterno miedo al VIH incoado por la criminalización hetero… Hubo un día que les conté a lxs pocxs amigxs heterxs que tenía, que existía Gayromeo. Les expliqué qué era y me dijeron que era un degenerado y que las maricas solo pensábamos en follar. Sin embargo, siempre me preguntaban cómo era estar en una orgia o una sauna con mucha curiosidad, a lo que les respondía invitándoles a ir si querían saberlo porque en la entrada no piden carné de maricón…

Perfil de una xarxa social de contactes

Y ahora que lxs heterxs usan Tinder lo llaman progreso, y encima es sano porque son ellxs quienes lo practican, no lxs desviadoxs… Quienes han de modificar o hacer explosionar las reglas son ellxs, no nosotrxs, porque no queremos su aceptación, más bien somos nosotrxs quienes deberíamos aceptarlos en nuestrxs espacios creados desde el ostracismo del gueto resultado del rechazo. Nosotrxs no tenemos que salir de un armario donde nos metieron a empujones porque son ellxs, lxs heterxs, quienes están en un armario que huele a naftalina. Lxs heterxs no han afrontado nunca el miedo, los posibles insultos y las miradas de asco que implica darse de la mano con otra persona con tus mismo genitales, eso si es un gesto político… Tampoco han tenido que afrontar durante una muestra de afecto en público el clásico comentario “-¡Qué monos!” como si fuéramos una actuación de su circo. Lxs heterxs no tienen afrontar preguntas sobre parejas que incitan a la heteronormatividad de la familia nuclear desde donde engendrar más hijxs que acabarán siendo esclavxs. No han de asistir a la firma de contratos empresariales en forma performances culturales a las que llamamos bodas donde exponer el supuesto amor entre miembros y que alguien diga: “-Ahora ya os podéis casar, ¡qué bien!”. Casaros vostorxs, a nosotrxs dejadnos en nuestras saunas y nuestros espacios de cruising follando, creando nuestras familias y redes de apoyo y seguid llamándonos degeneradxs, que sinceramente lo prefiero a que se os apropiéis de nuestras formas de relacionarnos sexo-afectivamente, porque lo que es rompedor es que te la metan por el culo, y no incorporar a otra mujer en una pareja hetero hombre-mujer, sometiéndola y encarnando la escena de un video-clip donde aparece un rapero blanco intentando imitar a alguien de piel no blanca… Habéis sido injustxs juzgando nuestras formas de vivir en nombre de la hipotética justicia y si queréis romper vuestras normas, hacedlo bien, empezando por comprar un buen lubricante anal para él. Ahí, empezaran a cambiar las cosas porque de momento, se ve a la legua que vuestra apropiación es a costa de limpiar el sufrimiento que nos han causado vuestras normas.

David Gasol
David Gasol. Treballador Social.

www.danielgasol.net